Dir. Alberto Morales
 
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Sin lugar a réplica

Trabajaba ya sobre la pantalla de mi compu cuando empezó el movimiento.

08/04/2011 00:09:34 - Xalapa, Ver. por Salvador Muñoz


Esperé unos segundos para que pasara el temblor pero no, persistió. Agudicé el oído y escuché el tañer de las copas de la cantina... todavía continuaba el sismo y me dio tiempo de hablarle a la mujer por celular pero no entró la llamada... y cesó.



Ya les he comentado la tradicional pregunta entre compañeros de trabajo o familiares: ¿Sentiste el temblor?



Las respuestas son simples como una negativa o afirmativa, sólo cambia la historia como un “estaba dormido y cuando lo sentí, me levanté y salí corriendo a la calle en calzones”.



Las historias pueden ser variadas y ricas pero la respuesta que generó una discusión fue la de un amigo que se sinceró y nos dijo: “Cuando lo sentí, me sacó un pedo”.



Las “réplicas” (para estar a tono) fueron inmediatas:



Ordinario, vulgar, corriente, de mal gusto... en fin. Su sinceridad fue sancionada con desprecio.



No quise preguntarle si el seísmo realmente “le sacó un pedo” por temor o simplemente fue un lugar común para decir que tuvo mucho miedo.



Sin embargo, cualquiera que hubiera sido la razón, no se me hizo ofensiva su expresión.



II



Recuerdo que mi hija aprendió a leer a sus mediados cinco años con un método muy sencillo: con la repetición de sílabas o palabras bisílabas que fueran parte de su entorno común: “mamá” y “papá” fueron leídas muy rápido así como “caca”, “cola”, “pene”, “pipí”, “popó”, “chichi”, “teta”, que resultaron ser demasiado ofensivas para sus abuelos...



El asunto es que desde niña, Cecilia se volvió una devoradora de letras consumiendo libros como “La Columna de Hierro”, “El Quijote de la Mancha” y al Marqués de Sade, entre otros.



Un día me pidió prestado “Justine”  que estaba entre otros libros. Tendría entre 15 y 16 años. Le dije que podría leer algunos de estos textos cuando cumpliera su mayoría de edad y quien ha leído al Marqués, sabe que goza de una exquisita narrativa descriptiva que podría ruborizar a un mocho.



Por supuesto, cuando la descubrí leyendo “Justine”, dijera mi amigo, “me sacó un pedo” (No por miedo, más bien por asombro: Me desobedeció... quien ha probado las letras jamás podrá dejar de devorarlas...). Pero, lo hecho, hecho estaba. Ha de imaginar el terrible castigo que le impuse: Ninguno. Quizás una plática al respecto, nada más.



III



Cuando unos amigos escucharon una canción de mis tiempos de Enrique y Ana, interpretada en una película por unos niños entre 5 y 8 años llamados “Los Punkitos”, estaban sorprendidos por el estribillo que da título al tema: “Caca, culo, pedo, pis”.



La canción es un juego de palabras sin ton ni son que hacen rimas divertidas pero el estribillo viene siendo el reto que todo pequeño hace cuando menciona palabras que habrán  “de sacarle un pedo” a sus padres.



No sé si a usted le tocó  u oyó al pequeño hijo gritarle a la madre, en público: “Puta, puta, puta”, ante el bochorno de la progenitora que no sabe cómo callar al infante que ni madres sabe qué dice pero entiende que provoca un caos.



Me recuerda al gatito que se integra a los gatos machos que están en celo dando vueltas en torno a la hembra que espera, tranquila, el momento cumbre.



El minino se acerca y dice: ¿Qué  hacen? y un gato macho le dice, vamos a fornicar. El cachorro entonces empieza a caminar y a maullar con los demás gatos: ¡Miauuuu! ¡Miauuuu! ¡Miauuuu! ¡Miauuuu! ¡Miauuuu!



Así se la pasa un gran rato y le dice al gato que va adelante: Oye, otra vuelta y me voy... ¡ya me cansé  de fornicar!



IV



En fin. Pero el asunto es el temblor. ¿No cree que ya son demasiados? Haga memoria, mínimo unos tres en lo que va del año... ¡y fuertes!



Sí, la naturaleza está buscando su reacomodo a través de sus placas... pero no dejan de sentirse más duros cada vez. En fin.



Así que si usted preguntó  a sus amigos, cómo le fue en el temblor, y uno de ellos se sincera diciéndole que “le sacó un pedo”, no se ofenda y pregúntese antes por qué esa respuesta: Mi amigo, que era del DF, vino a vivir a Xalapa después del terremoto del 85. Creo que allí, no hay lugar a réplica.


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