Xalapa, Ver. -- 2007-11-17 06:28:31 -- por Raciel D. Martínez Gómez
Por el mismo planteamiento ya convencional en el thriller en donde la normalidad es abruptamente perturbada con un shock verista contado a retazos –el crimen en el parque--, en apariencia la película Valiente (The brave one) señala una arista poco visible en el director irlandés Neil Jordan.
Sin embargo ello no resta nada para apreciar la evidente madurez del cineasta que puede darse el lujo de modificar sustancialmente las atmósferas por desgracia canonizadas dentro de las fórmulas, tal y como lo hizo Michael Mann en Collateral (2004).
Además, se nota en la dirección de actores que Jordan está más allá de la complacencia del estándar exhibido en los veranos al ubicar a una Jodie Foster con un equilibrado registro en donde no se percibe el protagonismo del star system contemporáneo; apostaría incluso que la centralidad, como en Reign over me (Mike Binder, 2007), recae más bien en la ciudad de Nueva York –en esta ocasión a oscuras.
Lo que pasa es que de pronto sería medio extraño el tema para alguien como Jordan, pues con Valiente pisa terrenos de justificación de la violencia ante la impotencia ciudadana, un discurso ampliamente desglosado por Clint Eastwood en sus facetas como actor y director.
Aunque muchos apostaríamos porque subrepticiamente sí flotan en Valiente los propósitos cardinales del discurso de Jordan, como lo serían la identidad extraviada y la defensa del individuo.
Conocíamos por supuesto la proclividad de Jordan por narrar los cuerpos atrapados de los hombres: Angel (1982), podría ser también la estupenda Mona Lisa (1986), The crying game (1992) en primer término y Breakfast on Pluto (2005) una de sus piezas más interesantes por los riesgos que asume la sintaxis y el personaje caleidoscópico.
Asimismo, digamos que no deja de permanecer como telón de fondo en la trayectoria de Jordan una preocupación en torno a los conflictos identitarios de Irlanda como en Michael Collins (1996) o en la citada Breakfast on Pluto que por añadidura es un periplo musical imbricado con sutil destreza.
Y como todo cineasta de la época posmoderna y globalizada Jordan ha pagado su tránsito por los géneros con decente holgura a su favor como la discreta comedia We’re no angels (1989), su estilizada Interview with the vampire (1994), la menor e insípida In dreams (1999) y un aceptable remake como es The good thief (2001).
Claro de manera personal destaco su segunda película en su carrera, The company of wolves (1984), como la cinta más inteligente y provocadora de Jordan en su incursión por los géneros al reventar el cuento de Caperucita Roja con una tensión erótica muy dosificada a lo largo de la trama. Valiente es un filme que en la superficie se distancia de sus dos preocupaciones mencionadas líneas arriba –el travestismo y la sobrevivencia de la identidad--, y quizás se acercaría más en cuanto a su formato a In dreams.
No del todo me convence cómo resuelve los acertijos entre el detective Mercer y Erica Bain, pero leería en medio de la furia contenida de la Foster una suerte de lucha identitaria que se transforma a raíz de la muerte de su pareja.
A ratos me sedujo más Valiente por el conflicto interno de la conductora de radio que por los actos justicieros o por el vértigo que siente la señora venganza por anularse (la confesión y la muerte); en este sentido echaría de menos apuestas de estilo y temáticas como la de la trilogía de Chan-Wook Park que sí es una ruptura en el discurso vengador. Valiente me recuerda también a In the cut (2003), en donde Jane Campion maneja personajes confundidos en las esferas éticas. Tampoco dejo de pensar en Play misty for me (1971) de Eastwood como un tributo a la palabra y un examen de los solitarios. Por esto último diría que Valiente sí es una película jordaniana: porque suavemente están solos y desconocen cómo salir de sus cuerpos.