Dir. Alberto Morales
 
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Víctimas de la Seguridad

Era principios de abril de este año... Xalapa estaba de fiesta y no era para menos:

30/05/2012 00:51:29 - Xalapa, Ver. por Salvador Muñoz


Teníamos la visita del Gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina. No recuerdo el motivo, pero tuve que acudir al centro de la ciudad y justo cuando voy cruzando el viaducto, rebasando con mi moto, una camioneta blanca se me empieza a cerrar. Le pito una, dos, tres veces o más y vuelve a su carril. Cuando me emparejo para reclamar con una mirada al conductor, veo que el copiloto trae un arma larga y clava su mirada en la mía... la voz del chofer lo saca de su reto: “¡Déjalo!”



Rebaso y alcanzo a ver por el retrovisor que casi detiene su marcha y se abre a la derecha. Deja al descubierto a otro vehículo, uno gris con parachoques y alcanzo a ver otra camioneta Suburban... entonces entendí: ¡Son funcionarios!



II



La llamada refería a un Número Privado. No obstante, contestó. Del otro lado del celular, una voz masculina le decía que iba en tal calle, vestía de tal modo, que lo venían siguiendo desde que dejó a su hijo en equis punto y que si no reunía para determinada hora una cantidad de dinero, jamás volvería a ver a su hijo.



Curiosamente, sí, curiosamente, la cantidad que le pedían es la que acababa de recibir por la venta de un carro.



El pánico se apoderó del padre. Volteó a ver a todos lados, llamó al celular del hijo y éste contestó... de inmediato regresó por él y se refugiaron en su casa asediados por el miedo de saber que afuera, posiblemente los estaban vigilando... esa voz nunca volvió a llamarlo al celular.



El padre entonces, más calmado, analizó cómo es que alguien tenía su número telefónico y además, cómo es que sabían del dinero recibido...



La respuesta era más clara que el agua... cuando puso en venta su carro, con letras grandes pintó en el medallón su celular para quien quisiera solicitar informes.



Sí, recibió muchas llamadas sobre el vehículo y se citó con varias personas para ver las condiciones del carro y de la venta. Incluso, después de que vendió la unidad, todavía recibió llamadas para pedir información sobre el carro... y entonces descubrió que estuvo a punto de ser víctima de un nuevo modo de extorsión.



III



El lunes por la noche iba con mi amigo Beto en su moto. Me daba el “rai” de Araucarias a Lázaro Cárdenas. Una larga fila de autos nos precedía. Vimos por el lado derecho el carril despejado y empezamos a avanzar, justo a medio camino del primer rebase, el vehículo de enfrente se nos cerró sorpresivamente. Volteamos: Un trajeado con arma larga nos miraba. Le dije a Beto: “Deja que pasen estos desgraciados... son escoltas”. Volvimos detrás del carro blanco, un Suzuki, entonces pudimos ver que iban cuidando a una Suburban blanca... ya no intentamos el rebase y también escoltamos a la escolta y a sus escoltados hasta la Plaza de Araucarias. Allí, se metió la Suburban placas 532 XWY y descendió un joven en camisa corta y pants. Se dirigió al gimnasio de ese lugar...



IV



A lo que voy con todo esto, es que mientras afuera, la inseguridad reina, hay cierta clase privilegiada en nuestra sociedad que cuenta con elementos de Seguridad Pública para su protección, lo que permite de cierto modo que nuestra Policía de Seguridad Pública se esté mutando en una especie de Seguridad Privada para funcionarios, para hijos de funcionarios, para dueños de casas editoriales (que conste, no son periodistas y tampoco me refiero a quien puede pàgar al IPAX para ello), al precio de que los ciudadanos seamos víctimas hasta cierto punto, de la protección que le dan a estos personajes.



Trato de entender: Los políticos y su parentela son un estatus de ciudadano que requiere de más protección que el resto de la gente... la situación no está para menos, aunque para ello se tenga que amedrentar aventando el carro, al estatus inferior de nuestra sociedad... nosotros.



Ahora, la inseguridad no está nada más en llamadas de extorsión, sino también en quienes deberían brindarnos seguridad.






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